Operativos «Anti-Andén» en Bogotá: El Respeto nos Define como Enjambre

​Sabemos perfectamente lo frustrante que puede ser quedar atrapado en un trancón interminable en la Autopista Norte, la Boyacá o la Avenida 68. La tentación de subirse al andén para ganar unos metros y ahorrar unos minutos es grande, pero el costo económico y, sobre todo, el costo humano, no valen la pena.

​Con más de 3.300 comparendos impuestos en lo que va de 2026 por esta infracción, las autoridades de Bogotá han intensificado los operativos «anti-andén». Sin embargo, más allá de la multa, este es el momento perfecto para que El Enjambre demuestre por qué somos motociclistas diferentes.

​¿Cuál es el costo real de subirse al andén?

​La Secretaría de Movilidad ha sido clara: la recuperación del espacio público es una prioridad este año. Las consecuencias de evadir el tráfico por zonas peatonales son severas:

  • Impacto económico: La infracción (codificada como D.05) conlleva una multa de medio salario mínimo, además de los costos de grúa y patios.
  • Inmovilización inmediata: Tu moto será llevada a los patios, lo que implica perder días de trabajo y someterte a largos trámites administrativos.
  • Riesgo de accidentalidad: Al transitar por el andén, el riesgo de atropellar a un peatón, un ciclista, o una persona con movilidad reducida aumenta drásticamente.

​El andén es sagrado: Cuestión de empatía

​La calle es una selva de asfalto donde todos buscamos llegar a nuestro destino, pero el andén es el refugio del peatón. Es el espacio por donde caminan los niños hacia el colegio, los abuelos, y las personas en silla de ruedas.

​Cuando una moto de más de 120 kg invade este espacio, no solo rompe la ley, sino que rompe la confianza y la tranquilidad del eslabón más vulnerable de la cadena vial. La excusa de «voy despacito» o «solo es una cuadrita» no elimina el peligro ni la intimidación que genera una motocicleta en un corredor peatonal.

​El código de honor de El Enjambre

​Ser parte de El Enjambre significa llevar un simbolo de orgullo, pero también de responsabilidad. Así es como marcamos la diferencia en las calles de Bogotá y Chía:

  1. Asumimos el tráfico: Si hay trancón y no se puede filtrar de manera segura por el carril, esperamos. La paciencia es la mejor armadura del motociclista.
  2. Protegemos al más vulnerable: Entendemos que en la vía, el peatón siempre tiene la prelación. Su seguridad es nuestra prioridad.
  3. Damos el ejemplo: No caemos en el efecto rebaño. Si otros motociclistas se suben al andén, nosotros mantenemos nuestra posición en la vía. Un líder no sigue las malas prácticas.

El Veredicto:

El verdadero nivel de un piloto no se mide por qué tan rápido llega a su destino esquivando carros por las aceras, sino por el respeto, la pericia y la inteligencia emocional que demuestra en el asfalto. Dejemos los andenes libres y demostremos que en Colombia, los buenos moteros somos más.

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